sábado, 25 de diciembre de 2010

Bon Nadal!


Marcaré este 25 de diciembre como la primera Navidad que pasamos lejos de casa… Sí, sé que no suena gran cosa, pero para alguien “mamón” y “yayón” como yo… no deja de ser algo nostálgico.

Pero en fin... gracias a una parte de la “colonia chilena” en Barcelona, nuestra primera Noche Buena por estas latitudes fue una celebración increíble, con regalos, arbolito, y la correspondiente cena navideña.

En medio de todo, lógicamente, salieron los recuerdos de las Navidades de la infancia, tendencia inevitable también en la lectura de algunos estados de mis contactos de fb. Y claro, es que todos tenemos algún recuerdo memorable (bueno o malo, triste o alegre) de estas fechas… algo sobre un regalo especial, o un encuentro (o desencuentro) con el viejo pascuero (*).

En mi caso, recuerdo el año en que recibí mi Rosaura. ¡Era una muñeca gigante! Yo tendría como unos 4 años, y la Rosaura era notablemente más alta que yo… en honor a la verdad, ser más alto que yo nunca ha sido una aventura difícil… pero lo importante es que en ese momento me pareció realmente impactante.

Rosaura era verdaderamente notable. Hablaba y se le alargaba el pelo. Con el tiempo, heredó algunos de mis vestidos rococó, sufrió la furia de mi plumón en su cara, fue la alumna eterna en mis primeras aproximaciones a la docencia y se salvó jabonada de los tijeretazos con que se me ocurrió practicar el oficio de estilista. Esa vez se salvó ella, no yo, que sí debí convivir algunos meses con un flequillo al estilo potrillo. Años después, supe que ese regalo increíble había llegado gracias al primer sueldo de mi mamá –que ese año también dio vida al primer “chancho eléctrico” que tuvo mi Yaya-. Con ese dato, más el recuerdo de tantas aventuras compartidas, Rosaura se convirtió en una sobreviviente. Y hoy espera nuestro regreso a Chile en casa de mi mamá.

(*) Nota al pie: ¿En alguna otra parte del mundo se le dice Viejito Pascuero? ¿Será que sólo en Chilito le decimos Pascua a la Navidad? Acá se han sorprendido tanto… que recién ahí noté nuestro pan de pascua, viejo de pascua, y árbol de pascua. En fin, “¡Pascua feliz para todos!” no más… (y para la otra comentamos sobre la influencia de la publicidad en nuestros vida cotidiana!)