Un (paréntesis)… al fin se acabó el primer semestre… aunque a renglón seguido comenzamos el segundo. Pero luego de los apuros de las pasadas semanas, hoy me permito retomar algunos minutos blogeros.
Como había contado en algunos posteos anteriores, en el mes de los gatos celebramos el cumpleaños número 90 de Leda… la mamá de Ariadna... mi mamá.
El día D (o Y, en este caso) fue el pasado domingo 10 de agosto, ocasión que contó con los respectivos y correspondientes abrazos, saludos, regalos y un feliz, acompañado, opíparo y regado almuerzo familiar.
Con motivo de su cumpleaños, reconoceré hoy, públicamente, que sufro de una diagnosticada y conocida yayitis. Y es que ella, junto a mi mamá, me educaron, (mal)criaron y enseñaron que las mujeres éramos fuertes, independientes y poderosas… motivo por el que nunca sentí problemas de discriminación por Género.
Pensando y pensando en mi Yaya y su cumpleaños, se me han ocurrido algunas de las razones –que quisiera compartir- que pueden explicar mi yayitis aguditis, y el que hasta el día de hoy ella sea una de mis personas favoritas en el mundo:
Porque es la mamá de mi mamá.
Porque gracias a eso, yo estoy en este mundo.
Porque gracias a ella me llamo Daniela y no Susana.
Porque tengo un solo nombre, como es la tradición de los Peña Álvarez.
Porque en realidad nunca me dejó debajo del puente cuando me portaba mal.
Porque me hizo mi disfraz de conejito blanco.
Porque me preparaba papas fritas con vienesas y yo me las comía debajo de la mesa.
Porque durante mucho tiempo pensé que las uvas no tenían pepas, gracias a que mi Yaya se las sacaba.
Porque me calentaba queso en una pailita!
En resumen… porque siempre me prepara cosas ricas para comer (aunque ahora deba pasar a dieta)
Porque mientras mi mamá estudiaba, me llevaba a todas sus reuniones y compromisos sociales.
Porque íbamos a la playa, en la citroneta, con mi mamá, la tía Leda, y una gran canasta de picnic.
Porque mis recuerdos más felices de niña, son de cuando vivíamos las tres juntitas (mi yaya, mi mamá y yo).
Porque la acompañé a viajar por el mundo!!
Porque gracias a eso tengo un número de RUT menor a los de toda mi generación.
Porque gracias a sus contactos, entré al colegio a los cinco años.
Porque gracias a lo anterior, siempre fui la más chica del curso.
Porque estábamos juntas la única vez que me han atropellado.
Porque cuando estaba de viaje siempre me escribía cartas.
Porque siempre dejó que la tuteara.
Porque motivó mi gusto por la lectura.
Porque siempre está informada y conversamos de actualidad.
Porque siempre guarda los artículos de los diarios que cree que me interesan.
Porque aún sin hacerlo a propósito... me enseñó el amor por la docencia.
Porque siempre ha estado obsesionada con mi pelo chascón.
Porque me enseñó a jugar carioca y canasta.
Porque recita la poesía de la muñeca monina.
Porque nunca me deja de sorprender con su inteligencia y claridad.
Porque su biblioteca es una caja de sorpresas, y ahí encontré el Kyballion.
Porque me amenazó con un bastonazo cuando le dije que me había dado cuenta de que ella ya había nacido para la primera y segunda guerra mundial.
Porque participamos juntas en los “cacerolazos” en contra de Pinochet.
Porque fue apoderada de mesa del plebiscito del 88… y yo creo que por eso siempre me han gustado los procesos eleccionarios.
Porque estaba junto a Claudio, recibiendo a los invitados el día de mi matrimonio.
Porque de ella heredé el gusto por hacer crucigramas.
Porque copié su firma para crear la mía.
Porque cada vez que escucha una palabra nueva, vas a buscarla a esos diccionarios gigantes.
Porque siempre dice lo que piensa (aunque esto, en realidad, a veces puede tener sus inconvenientes para los receptores de tanta sinceridad).
Porque con sus pelotitas de galletas con manjar, nació el concepto de “pirotines”.
Porque va al cine sola (mucha gente no se atreve… a mi me parece que es una gran experiencia) .
Porque su amor por el Tata, me inspira a creer en el amor para toda la vida y más allá.