Dicen que los libros y los discos son de lo más ingrato que hay. Y parece que es verdad.
Debo reconocer que, como dueña, también soy harto ingrata con ellos. Se me olvida que los he prestado, hasta que algo ocurre, me doy cuenta de su ausencia, y desde allí… ya no puedo con la obsesión de recuperarlos. Y claro, antes de recordarlos, los pobres ni siquiera generaban una milésima de nostalgia en mi librero o porta CD.
En este mismo instante, tengo ocho dando vueltas… todos debidamente registrados en el correspondiente –y recientemente estrenado- cuaderno de préstamo!
Pero otros tres… están desaparecidos. Desaparición que motivó, por cierto, el surgimiento del cuaderno de préstamos.
Estos tres desaparecidos… son mi obsesión. Lo asumo.
Todo partió cuando Gabriel, y luego de un comentario hecho en clases, fue a mi oficina a preguntarme si tenía un ejemplar de “Para leer al Pato Donald”, clásico de Armand Mattelart y Ariel Dorffman. Y sí, por supuesto que tengo uno. Recuerdo que lo encontré en la Crisis, en Valparaíso. Es un ejemplar viejiiiiiito, con un colorinche pato en la portada. Caminé con decisión y, sin dudar, estiré mi mano hasta el lugar preciso en que reposaba mi buen Patricio Donald… pero nada. La estiré nuevamente (por si me había equivocado). Y nuevamente nada.
Revisé la bodega de la Escuela. Revisé mi casa. Revisé nuevamente la oficina… y la bodega y la casa. Y nuevamente nada. ¿Quién se ha llevado mi Pato? Obsesión y nostalgia.
Justamente pensando en su extravío… figuraba yo sentada el otro día mirando lomos y lomos de distintos colores y anchuras -indicio de una ecléctica variedad de contenidos y estilos- cuando dos nuevas ausencias se hicieron presentes: El club de la buena estrella, de Amy Tan, y Shangay Baby, inspiración de mi gato Ovillo (sí, lo asumo… el nombre no es original… se lo robé a Wei Hui, pues en su novela, la gata Ovillo era la mascota del novio de la protagonista).
Nuevamente, obsesión y nostalagia.
Y nuevamente la ingratitud: ¿cuántos más andarán por ahí, en otros estantes, sin ser extrañados?
A lo mejor ya están acostumbrados en sus nuevos hogares.Incluso es posible que ya los hayan marcado con otros nombres. Como mi lindo Principito de tapitas Calipso… o la historia de Pitágoras, que orgullosamente -y sin culpas- tengo incorporados a mi biblioteca personal, a pesar de las sendas marcas de antiguos y extraños propietarios que ambos lucen en sus primeras páginas.
1 comentario:
Ahhh los libros son la cosa más ingrata que existe... Por eso, si un volumen te tiene enamorada hasta la locura... NO lo prestes, salvo que sea alguien demasiado importante y quieras compartir el mensaje del libro en cuestión... Yo, que también tengo muchos libros, soy bien egoísta con ellos, precisamente porque aquellos que una más quiere, son los que generalmente nunca vuelven...
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