sábado, 22 de mayo de 2010

Perspecplejia



Lo que viene en las siguientes líneas es una obviedad.

Una perogrullada.

Y en hartos sentidos.

Para partir, diré que no se trata de un tema “noticioso”. No contaré ninguna novedad, sino todo lo contrario: una situación cotidiana con la que miles –millones- de personas se enfrentan día a día. Y a cada rato en realidad.

Continuaré diciendo que es un tirón de orejas personal, porque al escribirlo quedo en evidencia, ya que ciertamente la toma de conciencia ante determinadas situaciones suele ocurrir sólo cuando nos afecta en primera persona, aunque antes, y todo el tiempo, estuvieran frente a nuestras narices. O bajo nuestros pies en este caso.

Aquí vamos.

Mi Yaya tiene 91 años para 92 (como ella dice), y ya no camina con la agilidad de sus “años mozos”. Considerando, además, una reciente caída (no grave en todo caso) y sus consecuentes molestias, el “burrito” y la silla de ruedas, se han convertido en sus “accesorios” permanentes en cuanto a movilidad se refiere.

Ayer 21 de mayo, el panorama familiar de mediodía fue reunirnos Yaya, mamá, un tío, Claudio y yo, para almorzar en algún restaurante de Reñaca. Para mayor comodidad, mi Yaya iría en su silla de ruedas. Así, partimos “a pie” a un lugar que quedaba a sólo seis cuadras de distancia.

Pero las “sólo seis cuadras” pronto se convirtieron en una odisea que se resume mas o menos así: variados episodios de hoyos (“eventos”) y pavimento roto, escasos desniveles en las esquinas, veredas con tránsito interrumpido, y pasos de peatones no respetados por automovilistas, entre otras variadas escenas de in-accesibilidad para una silla de ruedas.

Y esto, a pesar de que la ley chilena explicita que “todos los espacios de uso público (plazas, calles, veredas, etc.) deben contar con cruces peatonales donde el desnivel de las veredas con calzadas debe ser salvado con rampas antideslizantes. Las veredas deben ser aptas para circular en silla de ruedas, de trazados rectos, pavimento liso, libres de obstáculos y con uniones de pavimentos no superiores a 2 cm”.

No más comentarios.

No, en realidad dos más.

El primero: A propósito de nuestro paseo familiar, me acordé de PersPecPlejia, el documental de David Albala, comunicador audiovisual que quedó parapléjico tras ser arrollado por un auto. Si no conocen su experiencia (y si sí la conocen y la quieren recordar), pasen por aquí.

Lo segundo: Si les interesan estos temas visiten Ciudad Accesible. En su página de inicio dan los siguientes datos: “(...)1 de cada 8 personas vive con discapacidad en Chile, 1 de cada 3 hogares tiene, al menos, a un miembro con discapacidad y existen 725.311 adultos mayores con discapacidad (…)”-

Ah! Finalmente almorzamos felices, contentos y sabroso… pero NO en el restaurante que habíamos elegido inicialmente, pues tras la travesía de seis cuadras, nos encontramos con que para ingresar al lugar había que subir una estrecha y sinuosa escalera, de seis peldaños. Nada para cualquier ciudadano “de a pie”, pero toda una nueva odisea para los ciudadanos sobre ruedas.

Ahora sí que no hay más comentarios.


**Foto hurtada en este blog

1 comentario:

DaniLazcano dijo...

Me acaban de hacer una observación. Y la sumaré al post: la situación relatada ocurrió en una de las comunas más ricas de Chile (Viña del Mar). ¿Se agrava la falta? Me parece que sí.