miércoles, 5 de enero de 2011

Reyes

Mi única relación con Melchor, Gaspar y Baltasar, eran las cartas que escribía Mafalda. Gracias a ella, tenía claro que al otro lado de la cordillera, al menos, los regalos no los traía el viejo pascuero. Allá, los “que la llevaban” eran los Reyes Magos, que aparecían triunfalmente el 6 de enero con sus carruajes cargados de regalos: muñecas, bicicletas, helicópteros… todo bastante más prosaico que las peticiones de Mafalda.

En mi caso, el 6 de enero era la fecha para desarmar el árbol... nada más alejado a la espera de Reyes.

Pero hoy pasó algo increíble: ¡Vi a los Reyes! Y no me refiero a Juan Carlos y Sofía… ¡Eran los Reyes Magos!

Llegaron esta mañana a Barcelona. Desembarcaron en el puerto, los recibió el alcalde, y por la tarde recorrieron la ciudad, repartiendo dulces al por mayor. Venían en unos carruajes gigantes. Recibían cartas y traían regalos. Miles y miles de regalos. Adéu… Adéu… gritábamos todos… ¡Una locura! Un real carnaval real. Y al final del desfile –de una hora de duración, venía un carro lleno de carbón… para los niños que se habían portado mal durante el año. (¡Qué trauma! Tanto como cuando recibí una carta del Viejo Pascuero retándome por “pedigüeña”… pero eso lo dejamos para otra historia)

Con Claudio los esperamos en Via Laietana, en medio de centenares de personas, de cientos de niños con ojos brillantes y emocionados… aunque algunos –en realidad- se notaban bastante preocupados ante la posibilidad de encontrar un carbón en vez de la última consola…. Buuuuu! Buuuuu!... gritábamos todos ante el último carro.

Que pena que yo no alcancé a enviarles mi carta… pero no importa, porque hoy nos llegó un hermoso ramo de flores desde Chile (un verdadero regalo de Reyes)… y mañana comienzan las rebajas!

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