
A las 21:30 horas, en medio de las noticias, sonó mi celular.
No identifiqué el número, pero sí la voz.
En realidad hace mucho tiempo que no hablábamos, pero me llamaba para contarme una buena nueva: estaba embarazada por segunda vez.
Bonita noticia, que la tenía feliz a ella, y a toda su familia... asumiendo que la ahora debutante hermana mayor -de menos de año y medio- y el perro de la casa, también compartieran este estado de alegría.
Bonita noticia... pero inesperada, pues aún no lo tenían planificado.
Entonces me acordé de una historia que contaba Ariadna. Para ella, los hijos eran como unos querubines regordetes que vivían en una nube y, desde su panorámico punto de vista, observaban, analizaban y elegían su futuro hogar. Y cuando ya lo tenían elegido... daban un brinco y bajaban, de la nube a la tierra.
La verdad, es que yo creo que lo contaba para explicar(se)(me) mi propio arribo... hace más de 30 años.
Cuando llegué desde mi nube, Ariadna tenía 20 años y estaba en tercer año de la Escuela de Medicina por lo que, claramente, yo no estaba en sus planes. Pero a mi eso no me importó mucho, y decidí acompañarla, primer como mórula, y luego como embrión y feto, mientras estudiaba cosas tan extrañas como anatomía y fisiología.
Así estuvimos juntitas, 9 meses. Hasta el jueves 27 de octubre.
Ese día, Ariadna faltó a un examen, a pesar de haber estudiado toda la materia. Y es que yo estaba tan nerviosa... que decidí salvarla de la prueba que debía rendir... y la mejor manera que se me ocurrió fue nacer.
Junto a Ariadna, estaba Leda... a esa altura asumida de la "gracia" de su conchito.
Nota: la nubecilla... es de este sitio web
1 comentario:
Felicitaciones por este nuevo comienzo!! Ojalá te acompañe la constancia, pero por sobre todo, las ganas de expresar ideas... Hace bien compartirlas en el ciberespacio. Un besito!
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